19 mar. 2017

A Múrcia volen parlar en valencià



Alumnos del curso de Mitjà en la Universidad Popular de Yecla. 

Yecla organiza desde 2005 cursos de diferentes niveles para que se pueda aprender o mejorar el idioma
Lo consideran parte del patrimonio cultural de una zona en la que los límites administrativos son porosos a la lengua
El valenciano de la zona tiene términos propios y muchos castellanismos



Desde el cap i casal que es Valencia, incluso desde la millor terreta del món que es Alicante, pocos conocen que en Murcia hay quien habla valenciano. Otros lo tienen presente, por eso el director general de política lingüística de la Generalitat, Rubén Trenzano, anunció la semana pasada desde El Pinós, ayudas a la promoción del idioma en el Carxe, una área que se extiende entre las dos autonomías.
El joven alcalde de El Pinós Lázaro Azorín cree que «impacta porque estamos en el interior de la provincia de Alicante y cuando la gente ve que sólo conectamos por Monòver, y al tener alrededor a Yecla, Jumilla y Fortuna, piensan que ya hablamos castellano, y es todo lo contrario». Él destaca precisamente que las pequeñas pedanías que pertenecen a estas localidades «hablen el valenciano que tenemos aquí».
Este valencià se define por su «dialectología muy particular». Azorín señala palabras como sagal, en referencia del zagalico de Murcia y otros castellanismos que se usan como mansana, añade. Su compañera en el Ayuntamiento dentro del área de Cultura, Silvia Verdú, lo ratifica, «el pinosero tiene muchos castellanismos; mis hijas dicen asul, no blau, por ejemplo».
Nacido en El Pinós, Azorín se crió en Raspay, o Carxe como popularmente lo conocen los vecinos de la zona. Con familia que se partió entre las dos grandes poblaciones, recuerda de su infancia «el 9 de octubre ir al Carxe y dejarnos entrar al colegio para compartir con primos y amigos las jornadas. Creo que el único que no hablaba valenciano era el maestro, que venía de Murcia, y podía comprobar que todos los demás lo hablaban con toda la normalidad del mundo».
Silvia Verdú también tiene por parte paterna familia en esa pequeña pedanía. Ella se siente orgullosa de que «el límite con territorios castellanos no ha podido hacer olvidar la lengua. Es un valor muy fuerte».
La bibliotecaria de la localidad, Clara Pérez, explica que se trata de un «territorio que fue más bien despoblado hasta el siglo XVIII». Entonces se produce un crecimiento de la población relacionado con la producción de vino y cereales. Puri Azorín, directora de la Universidad Popular de Yecla, recuerda que esa área es «de repoblación», y que el pasado domingo se celebraba el Villazgo, el día en que El Pinós se independizaron de Monò-ver. Las familias que llegan son de zonas donde se habla valenciano, explican ambas. Eso se refleja en apellidos que aún hoy perviven como Escandell o denominaciones para lugares como la casa dels novelderos. Los caseríos dedicados al cultivo de la viña o el esparto prosperan con estos colonos y los asentamientos se van ampliando. En 1894 había más de 400 bodegas, cuando en su término municipal se incluía a las pedanías de la Algueña y la Solana.
El edil de cultura de Yecla, Jesús Verdú, corrobora esos orígenes del valenciano en la sierra del Carxe, «los que vinieron mantuvieron su lengua de origen, y así ha sido hasta la actualidad». Desde Yecla se considera esa «peculiaridad como una parte que enriquece el patrimonio local». De hecho, añade, «en la información turística que tenemos del Raspay viene trilingüe, en valenciano, castellano e inglés». Situados a unos 25 kilómetros de distancia de estas pedanías, en la propia ciudad murciana, la Universidad Popular imparte cursos desde 2005 «que garantizan que perviva el valenciano como parte del patrimonio que es» explica Verdú.

Unidos, divididos

Puri Azorín, la directora de este centro, bromea al empezar hablando de la «mojonera izquierda, mojonera derecha», como de forma coloquial se refieren a las propiedades que están divididas entre ambas autonomías en Raspay. «Nosotros estamos muy vinculados al valenciano por tener una pedanía valencianoparlante», señala enfatizando la naturalidad del hecho.
La historia de por qué se dan en Yecla cursos en valenciano es reciente. «En 2005 una persona de Raspay se dirigió al Síndico de Greuges pidiéndole por qué no se trabajaba el valenciano en Raspay, donde son valencianoparlantes pero la gran mayoría no lo escriben», apunta.
La Academia Valenciana de la Lengua apoyó este proyecto, contando con la normativa europea que ayuda a las regiones con lenguas minoritarias. Así lo propusieron a El Pinós, Jumilla, Abanilla y Yecla, diciéndoles si tenían interés en fomentar el valenciano porque tienen pedanías en los que aún se usa. «Parece ser que el único que respondió afirmativamente fue Yecla», dice.
Aquel proyecto «empezó con el objetivo de ayudar a aprender mejor su lengua y mejorarla y sobre todo aprender a escribirla». Ambas partes trabajaron juntas, «a la Academia le interesaba preparar un atlas de la toponimia y un diccionario concreto de la zona, a nosotros nos pareció bien porque la filosofía de la Popular es muy amplia y tenemos un apartado amplio a las tradiciones locales». Azorín no duda en calificar la relación de «magnífica». Mediante el acuerdo alcanzado la Academia financia «total y absolutamente los cursos», explica.
Estos cursos se han dado de forma ininterrumpida y en 2011 se amplió al nivel del Mitjà. «Hemos ayudado a las valencianoparlantes y a las que quieren encarrilar su vida profesional a la Comunidad Valenciana puesto que ahora la comunidad exige un nivel de formación para los que quieran trabajar en la Administración», comenta con orgullo, «hemos cubierto nuestros objetivos». Son 60 horas de formación que durante este tiempo han supuesto más de mil horas que imparten filologos que se desplazan desde Alicante, Villena o Biar.
Jesús Verdú cree que este asunto «no es cuestión de partidos sino de tratarlo con la normalidad que tiene». El edil concluye que «cada pueblo tiene unas peculiaridades y son las que tiene que trabajar. A veces se tiende, por preservar una cosa, a obligar y creo que las cosas perviven por sí solo, la mejor manera para que se mantengan es que sea algo sentido por la población y no impuesto».